lunes, 29 de febrero de 2016

Altamira huérfana.

Jose Antonio Lasheras nos dejó el día 26 de Febrero de 2016. Altamira, como muchos medios reflejan, quedó huérfana. Lasheras nació en Barcelona en 1956, pero fue la cueva de Altamira la que lo sintió surgir de sus entrañas en 1991, cuando fue nombrado director del Museo Nacional y Centro de investigación de Altamira.

Jose Antonio Lasheras.
La cueva, madre protectora; Lasheras, custodio del legado milenario. La combinación perfecta que durante 25 años hizo de dicho Museo un lugar de referencia mundial y cambió el concepto museístico que se tenía sobre las cuevas rupestres.

El proyecto estrella fue la recreación milimétrica de algunas zonas de la Cueva de Altamira. Proyecto costoso y arriesgado que funcionó a la perfección incrementando las visitas y la curiosidad por el mundo de las cavernas. La cueva original llevaba cerrada años por un alto riesgo biológico que podía hacer desaparecer las pinturas. En 2001 la Neocueva, como fue bautizada la recreación, fue inaugurada y permitió a miles de personas. La alternativa perfecta para conservar las pinturas originales y al mismo tiempo contemplar la copia más exacta del mundo del Santuario de Altamira.

Sala de los bisontes de la Neocueva.
¿Una cueva de plástico? En un principio quien escribe estas líneas fue reacio al "experimento", pero he de reconocer que la intención es loable y el trabajo de la Neocueva es impresionante. 

Lasheras nos ha dejado, pero su espíritu sigue en la cueva. Gracias Jose Antonio por ser el hijo de la cueva.


Autor: Germán Zanza López.
Fotografías: telecinco.es, 20minutos.es, eldiariomontanes. es.

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